Conozco tu peca del cuello,
solía hacerle cosquillas,
aunque fuera a circulitos y te cansaras en segundos.
Sí, sigo mordiéndome las uñas,
ya ves, las cosas no han cambiado mucho.
Tú tampoco, te he estado viendo,
a veces de cerca y otras no tanto.
Me dijiste que la vida es bella,
se te olvidó contarme que lo sería solo si estaba contigo.
Ahora da igual, no pido que todo me sonría,
solo que me sonrías tú y que me des señales de vida,
que estás bien, que eres feliz,
que sueñas y que vives.
Te encontraré en cualquier calle,
cualquier playa o cualquier bar.
Entonces, tomaremos una copa,
ni fría ni caliente, y que nos multiplique y desordene las luces del bar.
Sé como miras cuando quieres ser y parecer apetecible,
y lo peor es que sé como caigo en tú hombro ya en la primera de esas miradas,
entonces te huelo, perfume de mujer, como siempre en los últimos meses, no sé si años.
¿Ves? Aún lo recuerdo.
Ahora me conformo con verte cada día,
pero no sirve de nada, estúpida manía de creernos indiferentes
aunque mis ganas de abrazarte crezcan a cada paso.
Me quedé con ganas, es cierto, me quedé con ganas de conocer a ese tú,
al que cree en sí mismo y que le jodan al mundo.
Ahora no es el momento, tal vez, dentro de unos años,
si te apetece, solo si tu quieres...
Día 12, diciembre, frío, a las once, bar de la esquina de tus sueños.
No son buenos tiempos para los soñadores...

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